Frío en la piel, por Leo Cerrud

 En Habla el Experto

Se desploman las temperaturas, pero…¿cómo afecta esto a nuestra piel?

Para explicarnos los efectos, nos visita el  Dr. Leo Cerrud, licenciado en Medicina y Cirugía por la Universidad Nacional de Panamá y experto en Medicina Estética en Madrid y Panamá

Se desploman los termómetros y la piel es la primera en notarlo. Una de sus funciones principales, la regulación de la temperatura corporal, se ve mermada por factores externos ajenos a su control. El estrés oxidativo aumenta y la piel sufre un deterioro de su función barrera.

El frío produce una serie de efectos que desencadenan una vasoconstricción inmediata y generalizada de la circulación más periférica, justo la que va por el órgano más externo del cuerpo, la piel. El organismo hace todo esto para protegerse y para mantener la temperatura corporal adecuada. Sin embargo, con esta acción se ven alteradas muchas de las funciones de la piel para las cuales es necesario que esos vasos sanguíneos no estén constantemente «apretados» o constreñidos.

El resultado de esta vasoconstricción continuada es que la piel no recibe los nutrientes que necesita ni la hidratación adecuada por lo que se debilita, aumenta la hipersensiblilidad. La piel se deshidrata y se seca, se irrita y descama y puede incluso desencadenarse una crisis de cuperosis, rosácea, eccemas y hasta psoriasis.

A este problema fisiológico hay que añadirle el tremendo efecto que tienen las fuentes directas de calor sobre una piel en plena vasoconstricción. Todo tipo de radiadores, fuentes de calor o aires acondicionados calientes utilizados de manera directa no hacen más que empeorar la ya de por sí trágica situación de la piel en invierno. Para paliar los efectos es recomendable evitar en la medida de lo posible las temperaturas demasiado altas, ventilar bien los espacios cerrados y mantener cierto nivel de humedad en los mismos.

¿Y qué podemos hacer a nivel cosmético? Para tratar una piel que acusa los rigores invernales, la solución pasa por utilizar productos altamente hidratantes, por un lado, que contengan activos como el ácido hialurónico o los factores de crecimiento epidérmico (los cuales además de hidratar, regeneran y combaten los radicales libres), emolientes y nutritivos, como las ceramidas, y reforzadores de la función barrera, como la niacinamida. Es muy importante también limpiar a diario la piel, mañana y noche, para que dichos activos penetren en profundidad. En esta línea sugiero la nueva agua micelar Hydractive de Endocare, porque elimina los rastros de suciedad hidratando y cuidando la piel de forma suave, y eso especialmente en invierno es imprescindible.

Y no nos olvidemos de beber los consabidos dos litros de agua y comer bien: sí a las frutas y verduras, ricas en agua, y a las grasas buenas como los Omega 3 del salmón o las sardinas, el aceite de oliva virgen o los frutos secos, pues ayudan a que los tejidos estén más hidratados, nutridos y fuertes frente a las agresiones externas.

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